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Mostrando las entradas de junio, 2017

Estertor

En una cuerda de la que nada puede escapar, ella vivió feliz, atravesando los tornados que amenazaban con bajarla. Un día sucedió, la bajaron, murió. Lo gris pasó a negro, sus ojos se llenaron de rabia y reencarnó en muerte para desterrar de vida a todo lo infeliz. No intentaron nunca más tocarla, su aura corrosiva destruía todo, pero así lo elegía. No quería ser feliz, no quería sonreír, solo quería matar. Ellos eligen morir.

Piruetas.

En una zona alejada de ese polvo sideral, donde posan las estrellas que se pierden (o deciden ir ahí para morir) ellas bailan. Nada las detiene, siempre se transforman, y entre energías que no se terminan de condensar ellas siguen bailando. Logran piruetas que cambian el curso de todos los astros, ellas lo manejan, manejan el espacio y lo convierten en parte de sí mismas. Cuando conocen el polvo, el camino más largo y el frío transformado a calor que hicieron de su galaxia, no dudan en bailar. No dudaron en bailar con los colosos, en domar sus odios demenciales a pesar de correr un gran riesgo a desaparecer, a que borren sus existencias a la misma facilidad con la que mueren las estrellas más ancianas, ellos se dejaron bailar. Bailaron con él, lo trajeron, lo sedujeron y lo hicieron parte de ellas, bailando son tres, al fin son millones, uno más para vivir, doscientos más para morir. El baile que no se detiene y que las hace fuertes, cuando abandonan sus miradas y se destinan a la ...