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La noche y el agua

Las esquinas rellenas de odio y la puerta amenaza, el centro lleno de luz y metal, cubriéndolos De textura húmeda y suave, no entran miedos ni salen risas, nunca, pero cada tanto hay una falla. Cada ramificación del tacto se transforma en suspiros ahogados, y agita el deseo de no volver a ser dos. Si de la regresión de las estrellas se tratase, podría cargar con la culpa, pero carga con mucho más. No voy a dar indicios Desde abrazar el sueño sobre sus estructuras hasta verla desplegar el placer y el orden, la armonía, desde cada segmento de su humanidad, yo me someto. El refugio de la noche y el agua donde convergen en uno solo y dan lugar a eso por lo que el universo nació, el fin de la entropía y el inicio de mis lágrimas.

Sangre de dragones

Cuanto más me busquen, más me voy a perder, aún así tengo que asistir a ese juicio. La razón de ser de ésta cacería no es más que un burdo prejuicio, tonterías. Pretenden instaurar el miedo en mí, en mis hijos, algo que, desde que tengo uso de razón, intentó cuanta persona se cruzó en mi vida, aunque hoy ya no es tan frecuente. Las ideas de escapar, exiliarme, desaparecer ya no son una opción, yo tengo el cielo pero sigo perteneciendo a un sistema poblado de toda esta horrible gente, a donde vaya me encontrarán. Tengo que cuidar a mis hijos que, aún siendo tan fuertes como lo son, no podrían sin mí, y yo sin ellos estoy perdido. Bajo sus términos enfrentaré, y los muertos que intentan cargarme, su sangre, no valdrá nada, pero en cuanto me sienta en sangre de dragones embarrado, terminaré con el orden.

Desde fuera muchas realidades.

No bastó una caminata casual frente a ella en la mañana mientras me preparaba un café, no, necesitaba mirarla más. Me inquieta, me asombra, pero me pone feliz, triste, un sentimiento de asombro sumado a la antigua furia que renació en mi, una vez más, al mirarla. Pero no la entendía. Ya es mediodía. Mi gato pasa frente a ella y se asusta, a veces la rasguña, pero ayer me pidió entrar en ella, lo distraje. Ya son las cuatro, me tengo que ir pero se que, cuando vuelva, habrá vuelto a cambiar de forma y color, ¿quizás verde? quizá otro estilo. Necesito encontrar una explicación al por qué ha cambiado de lugar, no está más en la sala, está junto a mi cuarto. No emite ruidos, no emite olores, no puedo tomar otro café junto a ella. Mi gato, esta vez, no se le acerca, ¿lo de adentro habrá cambiado también? hace dos semanas siquiera tenía el mismo tamaño. Es de madrugada y salí de mi cuarto, caminando no lo noté en el momento, pero después me di cuenta de que había desaparecido de nuevo, e...

Desde lo alto.

Entre setenta y cuatro tormentas eléctricas nació la paz que un día el mundo necesitaba, pero es imposible. ¿Como, después de tanta maldad, pudiste permanecer intacta? El mundo se pregunta cómo mientras el universo se pregunta por qué. En el universo todo lo destruiste, todo lo que alguna vez te arrebató la sonrisa, fuiste implacable, sin perdón y sin lamentos. La venganza fue tu arma blanca más filosa y la tierra fue tu escudo menos débil. Ya no volverás a escuchar un no, toda esa negación por fin se extinguirá.

Estertor

En una cuerda de la que nada puede escapar, ella vivió feliz, atravesando los tornados que amenazaban con bajarla. Un día sucedió, la bajaron, murió. Lo gris pasó a negro, sus ojos se llenaron de rabia y reencarnó en muerte para desterrar de vida a todo lo infeliz. No intentaron nunca más tocarla, su aura corrosiva destruía todo, pero así lo elegía. No quería ser feliz, no quería sonreír, solo quería matar. Ellos eligen morir.

Piruetas.

En una zona alejada de ese polvo sideral, donde posan las estrellas que se pierden (o deciden ir ahí para morir) ellas bailan. Nada las detiene, siempre se transforman, y entre energías que no se terminan de condensar ellas siguen bailando. Logran piruetas que cambian el curso de todos los astros, ellas lo manejan, manejan el espacio y lo convierten en parte de sí mismas. Cuando conocen el polvo, el camino más largo y el frío transformado a calor que hicieron de su galaxia, no dudan en bailar. No dudaron en bailar con los colosos, en domar sus odios demenciales a pesar de correr un gran riesgo a desaparecer, a que borren sus existencias a la misma facilidad con la que mueren las estrellas más ancianas, ellos se dejaron bailar. Bailaron con él, lo trajeron, lo sedujeron y lo hicieron parte de ellas, bailando son tres, al fin son millones, uno más para vivir, doscientos más para morir. El baile que no se detiene y que las hace fuertes, cuando abandonan sus miradas y se destinan a la ...
Cada ocaso, cada noche, aparecen. La gente ya se acostumbró a verlos, mas no al hecho de no saber nada sobre ellos. Se pueden observar auras brillantes cubriéndolos y brazos similares a látigos solares, haciendo de estos un espectáculo por demás hermoso. Pasaron meses y la duda, la incertidumbre y el misterio que rodea a estos, crece inconmensurablemente. Portales, gigantes, de forma ovalada pero no perfecta; color violeta y con un fondo indescriptible, casi vacío, y desde tierra la gente los siente. Desde la aparición de estos, se siente un aire diferente, más pesado: más muerto, pero nada pareció perecer. Sin duda la gente se sentía inquieta, pero con el tiempo estas sensaciones se volvieron tan cotidianas que comenzaron a ser ignoradas y, cuando la gente se empezó a sentir librada de estas, comenzó. Una noche los portales comenzaron a temblar, a zumbar, y sin razón, el suelo también, las rocas se elevaron, las plantas comenzaron a morir, el agua comenzó a pudrirse. Lo único a lo...