I miss you, machine
Como dice el título, no pienso admitirlo por mi mismo.
Mayo de 1956, Buenos Aires Argentina. Creo que estaba en un café cuando vi a esa señorita. Rubia, natural (aclaremos), piel medianamente bronceada, uñas pintadas de rojo, falda corta a rosa suave, zapatos David Evins dorados, y sus ojos... Ojos que parecían cristales, y si me pongo a escribir todo lo que sentí en el momento de verlos no me alcanzaría la vida, lo juro.
Esto parece un relato, ¿Verdad? Les voy a relatar como mi vida se fue al infierno, una vez más.
Resulta que la fluorescencia de la señorita era como un puñal camuflado con papel de regalo y un moño a círculos blancos. Uno no puede creer que en una silueta tan angelical quepa tanta maldad junta, pero es así, y no es por ver la cara de un malhechor a la luz de la luna razón por la cual desconfiamos, pero estamos acostumbrados a eso, << El malo tiene pinta de malo >>. Pero, la maldad que se mantiene oculta es la más efectiva en todo caso, la traición.
Lo que me hizo esta señorita no tiene perdón, al menos en esta vida, yo ya no puedo más, me tendré que escapar, eludir, lo que siento porque la verdad, no la quiero dejar ir, pero el destino y la moral lo ordenan.
Señorita, si usted está leyendo este fragmento de pena, le suplico que reviva y me rescate, porque la extraño.
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