Ritz

Flor, alelí, y una espada, brilla el cielo rebalsando su filo, su filo lleno de maldad, lleno de rencor angustia y dolor, sellados con un símbolo que solo desplegaba ejércitos de desolados, desolados arrepentidos.

Será la petaca llena de vino barato la que rebalso la bronca del duende del árbol, o será tu tornado desatado inconscientemente, con fin de destruir, destruir y crear. No está cerca el portal de la alegría, pero yo que sé, si vos no expresas nada, me dejas con la intriga, me dejas sin movimientos, me dejas en jaque. Tu reina ya no juega este juego y a vos te carcome la consciencia.

No está lejos el camino, entonces ¿Dónde estoy andando? Descalzo, por supuesto que si, pero de vuelta, yo que sé. No me dejes sólo - le dije, contra su voluntad. Si vos no tenes puestas las esposas déjame tenerlas a mi, por lo menos yo, se como querer de verdad.

Y si vos no sabes, déjame enseñarte, no quiero sacarte de mi vida pero me obligas, me obligas...

Las épocas pasadas fueron las mejores, ¿Verdad? Y uno no puede pretender volver a eso, porque lo que se va no vuelve, por mas que ruegues, por mas que reces a santos que ya ni te escuchan.

Tenes el arma ¿Por qué no disparas?, tenes el valor, ¿Por qué no lo usas? Por que sos un caballero que perdió su espada, su flor que lo mantenía con vida, y ahora ya no la tienes, pero tienes una tumba con tu nombre.

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